IRPÍN, Ucrania.- Un depósito de combustible ardió en medio de un infierno de las llamas en Bélgorod, uno de los principales centros logísticos de Rusia para su esfuerzo bélico en Ucrania.

Moscú acusó a Ucrania de llevar a cabo el ataque aéreo con helicópteros, en la ciudad rusa de Bélgorod, en un incidente que, según el Kremlin, podría afectar las conversaciones de paz.

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Un alto responsable de seguridad de Kiev negó la responsabilidad ucraniana sobre el hecho.

El Ministerio de Defensa de Rusia dijo que dos helicópteros ucranianos atacaron la instalación en Bélgorod, a unos 35 kilómetros de la frontera con Ucrania, luego de ingresar a Rusia a una altitud extremadamente baja, durante la madrugada.

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El principal responsable de seguridad de Ucrania rechazó la acusación rusa, el primer hecho de guerra en suelo ruso desde que el gobierno de Vladimir Putin lanzó su invasión, el 24 de febrero.

“Por alguna razón dicen que lo hicimos, pero de acuerdo a nuestra información esto no corresponde a la realidad”, aseguro el secretario del Consejo de Seguridad, Oleksiy Danilov, en la televisión nacional ucraniana.

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El portavoz del Ministerio de Defensa de Ucrania, Oleksandr Motuzyanyk, dijo: “Ucrania está realizando una operación defensiva contra la agresión rusa en el territorio de Ucrania, y eso no significa que Ucrania sea responsable de todas las catástrofes en el territorio de Rusia”, afirmó.

Negociaciones en riesgo

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, indicó que el presidente Putin había sido informado sobre el incidente. Peskov aseguró que el ataque podría poner en peligro las negociaciones de paz de Moscú con Kiev.

“Por supuesto que esto no puede percibirse como una creación de condiciones cómodas para continuar las conversaciones”, dijo Peskov, y agregó que se está haciendo todo lo posible para evitar interrupciones en el oferta de combustible en la ciudad.

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Danilov replicó: “Dice que no ayuda a las conversaciones ¿ayuda a las conversaciones que maten a nuestros niños, a nuestras mujeres, los ultrajes que cometen en nuestra tierra? Estas personas están un poco enfermas”.

Las imágenes de la cámara de seguridad del depósito mostraron un destello de luz de lo que parecía ser un misil disparado desde baja altura en el cielo, seguido de una explosión en el suelo.

Horas después del ataque al depósito de petróleo, un testigo presencial en Bélgorod dijo que escucho aviones sobrevolando la zona y explosiones en dirección a la frontera.

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El gobernador regional, Vyacheslav Gladkov, dijo que el incendio resultante hirió a dos trabajadores y obligó a evacuar a algunos residentes locales. El fuego fue contenido más tarde, afirmó.

Al norte de Ucrania, las fuerzas locales se adentraban en el territorio abandonado por las tropas rusas en retirada. En el sureste, que según Rusia es ahora el centro de su operación, la Cruz Roja dijo que se le prohibió llevar ayuda a la ciudad de Mariúpol.

La amenaza rusa de cortar el suministro de gas a Europa a menos que los compradores pagaran con rublos antes del viernes se evitó por el momento, y Moscú informó que no interrumpiría el suministro hasta que la fecha de los nuevos pagos a fines de abril.

Triste tarea

Luego de cinco semanas de guerra y de no haber podido capturar una sola ciudad ucraniana importante, Rusia dice que se retira del norte de Ucrania y cambia su enfoque hacia el sureste. Moscú lo presenta como un gesto de buena voluntad para las conversaciones de paz, pero Ucrania y sus aliados dicen que las fuerzas rusas se han visto obligadas a reagruparse tras enfrentar grandes pérdidas, problemas logísticos y la resistencia ucraniana.

Los gobernadores regionales de Kiev y Chérnigov dijeron que los rusos se están retirando en zonas de esas dos provincias, y que algunos están desandando el camino a través de las fronteras con Bielorrusia y Rusia.

En Irpín, un suburbio al noroeste de Kiev que fue uno de los principales campos de batalla durante semanas, ahora en manos ucranianas, voluntarios y rescatistas sacaban a los muertos en camillas de entre los escombros. Una docena de cuerpos fueron envueltos en bolsas de plástico negras, alineados en una calle y cargados en furgonetas.

Lilia Ristich estaba sentada en un columpio metálico de un parque con su hijo pequeño. “Teníamos miedo de irnos porque disparaban todo el tiempo, desde el primer día. Fue horrible cuando atacaron nuestra casa. Fue horrible”, dijo, enumerando los vecinos que habían sido asesinados: el hombre “enterrado allí, en el césped”; la pareja con su hijo de 12 años, todos quemados vivos.

“Cuando nuestro ejército llegó, comprendí que habíamos sido liberados. Fue una felicidad inimaginable. Rezo para que todo esto termine y para que nunca vuelvan”, dijo. (Reuters)